 |
| El
Tango danza o el Tango milonguero |
|
| Escribe
Susana Miller |
| En
el baile del tango hay dos estilos: el tango danza y el milonguero.
Su descripción aviva una polémica en la comunidad bailante. Algunos
establecen una falsa dicotomía entre ambos, falsa porque en realidad
son complementarios. El tango milonguero y el tango danza son, en
un aspecto las dos caras de una moneda. El tango es conocido en todo
el mundo por el tango danza. La belleza y esplendor de sus figuras
son difundidas por TV y en el escenario de los teatros, a grandes
distancias y en lejanas latitudes. En este tango la pareja se separa,
con el objeto de hacer figuras más o menos complicadas de mayor atracción
en lo visual; si no, el trabajo corporal, especialmente el de las
piernas, no suscitaría gran interés. Los pasos se basan en los pasos
de salón, pero se alargan, se adornan y devienen en coreografías que
cruzan el escenario en diagonales, creando frentes, utilizando generosamente
el amplio espacio disponible. Gracias a los artistas, finísimos y
expertos bailarines, el tango es conocido mundialmente, gracias a
su inspiración y a las horas de trabajo diarias que dedican a su talento.
Pero el origen del tango fue el salón, donde todavía vive. Este tango
tiene que ver con la pasión, que se despierta y crece en la pareja,
con un manejo particular del espacio y con una especial combinación
de compases. Es por esto que los que viven en el exterior descubren
en Buenos Aires otro tango; entonces entienden el verdadero lugar
del tango danza: el escenario. Es por eso también que los mejores
bailarines del espectáculo van permanentemente al salón para abrevar
de su fuente, para oxigenar sus coreografías que no deben parecer
tal, sino deben trasladar la espontaneidad y la calentura del salón.
En el salón la pareja baila para su propio regocijo y no para el show.
Los pasos son el medio para circular por el espacio, que es muy acotado,
es un tango cerrado, con erráticos dibujos que varían de acuerdo a
la necesidad del lugar. Los milongueros pueden bailar en cuatro baldosas,
en una y aún en el lugar conservando con gran precisión el ritmo y
el contacto con el otro cuerpo en una mezcla de relajación y contención
muscular y emotiva. El hombre le ofrece su sentido musical a la mujer
y ésta lo sigue como su camisa. La creatividad de ella está en su
interpretación, en una manera de devolver y disfrutar en su cuerpo
lo que el hombre propone. De todos modos esta explicación es inefable
y la emoción del salón, intransferible; sólo verificable con ese guiño
que caracteriza a toda comunidad que comparte una pasión, un poco
en secreto. El estilo tiene una gran energía, las parejas están en
trance, en una especie de más allá conciente. El lenguaje corporal
es riquísimo, los sentimientos dan el sentido a los pasos y al movimiento
de los cuerpos. El vocabulario que maneja esta elite bailante deja
entrever el significado de este baile: "caminar el tango", "apilarse",
"dormir a la mujer", "moverla", "bailarla". El baile espectáculo debe
tener, valga la redundancia, espectacularidad, pero necesita del salón
como inspiración, porque de otro modo estría exhibiendo algo que no
existe. El salón a su vez necesita al tango danza para difundirse,
y transmitirse también a otras generaciones. Las personas son una
comunidad solitaria que va buscando amor, amar y ser amados. El abrazo
del tango, la "franela", la excitación contenida del mismo, es un
remedo de amor, un alivio para el alma y un acto en donde el hombre
y la mujer dicen sin remilgos su alegría y su pasión en un abrazo. |
| Artículo
publicado en "El Tangauta" |
|