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| Reportaje
a Susana Miller - Primera Parte |
Pregunta:
¿Porqué empezaste a bailar tango?
Respuesta: Necesitaba hacer algo hermoso y divertido en mi vida,
estaba en un momento difícil, acababa de separarme, y
el tango era una opción interesante. |
Pregunta:
¿Sabías algo de tango antes de empezar a tomar
clases?
Respuesta Lo que sabía en general alguien de mi generación.
Cuando era chica, mi viejo encendió una pequeña
chispa. Aunque él no era de la milonga, recuerdo que
a veces íbamos a escuchar a la Richmond de Florida, Troilo
en vivo! Pero además el sonido de la ciudad era tango,
Buenos Aires huele a tango. Las ciudades tienen u rumor propio,
y el de Buenos Aires es tango.
Todos escuchamos tango en casa, sobre todo porque la radio,
estaba encendida casi todo el día, como hoy la TV, y
los programas estaban muy embuidos de tango, “nuestra
música ciudadana”. También casi todos vimos
bailar tango a los padres o a los vecinos aunque más
no sea “un tango hecho en casa”.
Si bien la gente de mi edad, y aún más jóvenes
hemos crecido, y formado parte del rock and roll, participamos
de alguna forma de esta atmósfera tanguera. |
Pregunta:
¿Crees que lo que sabías del rock te ayudó
en el tango?
Respuesta: Todas las dinámicas corporales coinciden en
algunos principios. Yo hice yoga, bioenergética, ballet
y otras danzas, algunas durante años, y a la hora de
entender estructuras temporo- espaciales, y desarrollar un método
pedagógico, me ayudó mucho. El tango tiene más
complejidad que el ballet, y si este se aprende con un método,
¿porqué no el tango? Yo comienzo con lo más
simple, para proseguir con lo más complejo, gradualmente.
La repetición y el ir hacia atrás recurrentemente,
facilita la memoria corporal. Estos son algunos de los principios
de mi método. La memoria muscular, tiene un tiempo distinto
a la intelectual. Yo decodifiqué un poco el tango, sobre
estos principios y enseño como me hubiera gustado aprender
a mí, aunque yo aprendí con los mejores maestros
de aquella época, y lo siguen siendo. Pero sobre todo
aprendí en la milonga. Entrar en la milonga, para mí
fue como descubrir un mundo nuevo y misterioso. Durante cinco
años, no pude hacer otra cosa que ir a bailar todos los
días. Estaba deliciosamente atrapada; esta presencia
permanente constituyó la parte más importante
tal vez de lo que aprendí, aunque en ese momento no fue
un aprendizaje consciente. |
Pregunta:
De los maestros que tuviste ¿cuáles son los que
más recordás?
Respuesta: Miguel Balmaceda, Pepe Avellaneda, Pocho Pizarro
y Gustavo Naveira.
Todos aportaron y enriquecieron mi formación. |
Pregunta:
¿Aplicas sus conceptos en tu enseñanza?
Respuesta: Creo que integré de alguna manera a todos
ellos en mi enseñanza.
Es muy difícil desenredar de esa madeja lo que es propio
y lo que hay de cada uno de ellos, pero tampoco importa porque
el conocimiento se desarrolla sobre conceptos propios y ajenos.
Balmaceda influyó en la insistencia de la caminata como
eje rector de la comprensión del tango, en cuanto a lo
musical y a la elaboración de un lenguaje corporal. Mientras
se aprenden pasos y otros elementos del baile, se sigue sutilizando
el conocimiento de la caminata durante toda la vida del bailarín.
Los mejores son siempre los que siguen aprendiendo y redescubriendo
viejos fundamentos en nuevas formas. Yo me siento también
un principiante porque siempre estoy llegando a un punto de
partida desde el cual queda todavía mucho para aprender. |
Pregunta:
Vos tenés un buen conocimiento del inglés, ¿es
una ventaja respecto de los instructores que no lo hablan?
Respuesta: Hablarlo facilita la comunicación y ahorra
tiempo, no obstante, el gran comunicador es el lenguaje corporal,
que en el tango suele ser muy elocuente. A la gente le resulta
muy simpático escuchar castellano, sobre todo porque
el porteño es muy folklórico y la jerga tanguera
muy rica. Pero en mi caso que hago giras a los mismos lugares
casi siempre, todos los años, depender de un traductor
es complicado porque en general el traductor baila, y tiene
sus propias ideas con las cuales te interpreta. El inglés
es mi segunda lengua, así que a veces surgen algunos
malos entendidos muy graciosos; entonces la gente empieza a
toser o se mastica la risa y me avivo de que dije un disparate. |
Pregunta:
¿Estimulas a tus alumnos que vayan pronto a la pista
o preferís que esperen un tiempo prudencial?
Respuesta: Si uno no está preparado, la confrontación
con la pista es muy fuerte y la autoestima puede sufrir una
baja innecesaria. Hay un paso intermedio entre la academia y
el baile, que es la práctica, cuyo objetivo es un precalentamiento,
“un ablande” que afloja la tensión lejos
de la mirada de “los que saben”. Pero así
como la academia acelera el aprendizaje y ordena los conceptos,
la pista “cepilla”. La pista enseña cosas
que la academia no puede enseñar. La pista da “filo”,
pero también “ensucia”. Pero los que quieren
perfeccionar, cada tanto vuelven a al academia a “releer”
fundamentos, enriquecer lenguajes, optimizar la conexión
con la pareja, etc. |
Pregunta:
¿Qué pensás de los videos para enseñar?
Respuesta: Cuando yo termino cada taller, todos pueden filmar
lo que se ha hecho, porque es difícil recordar las mecánicas
de tantas horas de trabajo, pero la gente tuvo la posibilidad
de hacer el trabajo en clase y entenderlo. |
Pregunta:
¿No crees que podés mostrar como se hacen los
pasos?
Respuesta: No lo tengo descartado pero por el momento no tengo
resuelto como encararlo, sobre todo porque hay ciertas técnicas
que sólo se resuelven en vivo y en directo. Las combinaciones
y los pasos son infinitos, pero las técnica y los movimientos
no. Y aunque son muy específicos, se repiten en las diferentes
secuencias, como quien elabora infinitas recetas con más
o menos los mismos ingredientes. Los pasos no ofrecerían
gran dificultad para mostrarse en video, pero las técnicas
al menos en el milonguero son más complicadas de traducir. |
Pregunta:
¿Crees que las diferencias culturales se notan en el
abrazo?
Respuesta: El latino es más predispuesto al abrazo, tiene
más permiso corporal. Estamos acostumbrados al abrazo,
los argentinos nos palmeamos y abrazamos mucho, tal vez demasiado.
Por eso cuando nos abrazamos en el tango, no nos sentimos tan
ajenos. Las culturas anglosajonas, tienen un ascendente religioso
calvinista, el clima en que se desarrollan es frío, y
sufrieron una revolución feminista en los 70, todo esto
tiene un gran impacto en el comportamiento social especialmente
en la relación entre los dos sexos. El lugar del otro
es guardado con mucho celo y el propio también. Esto
es muy obvio en la conducta social, basta observar una “cola”
en cualquier lugar del mundo: entre una persona y la que le
sigue, caben tres latinos. El tango es una invasión de
espacios, culturalmente esto es inconcevible, sobre todo en
las culturas nórdicas. Pero por esta misma razón,
y por la falta de contacto corporal, el tango implica una transgresión
excitante y atractiva para cualquier habitante del orbe. La
espontaneidad del abrazo, ha sido expulsada del hábito
social por el manierismo oficial, pero el placer que éste
produce lo convierte en un factor innegociable en el tango,
para los porteños, los que “viven en la milonga”
y para las distintas comunidades en el mundo que eligieron este
estilo de tango, es primero que todo un “abrazo que camina”.
Cuando pasaste la barrera del miedo, encontrás que el
abrazo es una de las cosas que más te gustan y es muy
difícil que lo dejes. |
Pregunta:
¿Cuál es la diferencia entre el tango de salón
y el tango milonguero?
Respuesta: Primero quiero destacar que el tango milonguero y
el llamado “close embrace” son dos cosas distintas,
porque el término implica que hay un abrazo lejano, lo
cual desde la organicidad del abrazo, al menos del abrazo latino-porteño
es impensable. Un abrazo es íntimo, cercano, y erótico,
en el sentido en que en él se festeja la vida. El abrazo
alejado no existe, así que el cercano tampoco. Si no
llamamos al tango milonguero, “close embrace”, lo
cual es un equívoco, me parece muy bien que exista un
tango “close embrace” y que así se llame.
Respecto de tu pregunta, el tango milonguero y el de salón,
los dos son tangos sociales. Pero el tango que en el código
tanguero llamamos “de salón”, tiene grandes
diferencias técnicas con el milonguero, diferencias en
cuanto a la conexión con la pareja, puntos de apoyo del
cuerpo, y coreografías. Tienen modos diferentes pero
también tienen algunos principios en común. Los
dos circulan en sentido contrario a las agujas del reloj. Los
dos requieren una postura armónica, respecto de las coordenadas
corporales. Pero las combinaciones rítmicas, el tenor
rítmico, es muy diferente. La fuente en donde se origina
energéticamente la marca, también. El “salonero”
tiene más visibilidad, menos interioridad, más
lápices, rulos, barridas, adornos; menos filo rítmico,
es más “light” y menos hormonal. |
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